Liberalismo Institucional. Segunda parte

Defiende la libertad mediante reglas justas e instituciones que funcionan.

Por: Rodrigo Salguero

3/11/20261 min read

Guatemala necesita un Estado robusto que funcione, no uno que estorbe o que controle todo. Necesita funcionarios confiables, no corruptos. Empresarios éticos dispuestos a competir y expandir la productividad. Esa es la base de una derecha moderna: orden institucional para que catapulte la libertad económica y social.

El liberalismo institucional es la evolución natural de las democracias exitosas que entendieron que sin instituciones no hay desarrollo, y que la verdadera libertad se construye con reglas, no con improvisación y más corrupción.

Se ha confundido a la derecha con la defensa de intereses, no de principios. Se ha promovido un discurso de mercado sin asumir la responsabilidad institucional que ese mercado exige. El resultado ha sido un Estado frágil, capturado y desconfiable, que castiga al que cumple y premia al que evade. Esto es clientelismo con retórica liberal.

Los verdaderos empresarios no le tememos a la institucionalidad; la construimos. Como empresarios serios requerimos tribunales confiables, contratos que se respeten, competencia leal y reglas claras. Cuando un Estado es débil, el mercado se distorsiona y la economía deriva en un modelo rentista.

El liberalismo institucional propone romper con esa falsa dicotomía entre Estado y mercado. Plantea un Estado limitado pero fuerte, que crea las condiciones para que la riqueza se genere de manera sostenible y para todos.

Hoy pagamos el precio de no haber construido instituciones: informalidad masiva, inseguridad jurídica, corrupción estructural y pobreza persistente. Ninguno de estos problemas se resuelve debilitando más al Estado. Se resuelven reconstruyéndolo bajo principios liberales auténticos.