El TSE: el árbitro que no podemos perder
El mundo avanza hacia una tendencia clara hacia el autoritarismo. En la región, Nicaragua ya cruzó esa línea. El Salvador avanza peligrosamente. Y Guatemala, aunque hoy tiene un presidente con clara vocación democrática, sigue siendo una democracia en riesgo.
Por: Javier Montenegro
1/9/2026


Vivimos una paradoja: un Ejecutivo con legitimidad y mandato popular, pero que parece débil al verse rodeado de instituciones que no juegan a favor de la democracia. Persecución política, criminalización de la prensa y ataques a la libertad de expresión siguen siendo parte del día a día. Y en ese ecosistema frágil, el Tribunal Supremo Electoral se vuelve clave.
La democracia no es solo votar. Es un sistema de contrapesos. Y cuando muchas instituciones fallan, el árbitro electoral queda expuesto. Hoy el TSE es una de las entidades más golpeadas: Ha funcionado por buen tiempo con suplentes y una sola magistrada titular. Aun así, en 2023 fue el muro que evitó un golpe técnico, certificó los resultados y defendió la transición.
Guatemala tiene un modelo donde el TSE lo hace todo: empadrona, organiza elecciones y administra justicia electoral. Su mayor debilidad no es la ley, sino que le han quitado, en la práctica, la capacidad de sancionar abusos. Otros actores han intervenido donde no les corresponde.
De cara a 2027, el riesgo es latente. En 2023, ciudadanos voluntarios que contaron votos fueron acosados. Eso no puede repetirse. Debemos proteger jurídica y políticamente a quienes sostienen las elecciones desde las mesas.
El problema de fondo es más profundo: tenemos malas instituciones porque tenemos un sistema electoral que no funciona. Uno que expulsa a personas íntegras y produce un Congreso poco representativo. Si no cuidamos al árbitro, el partido deja de ser democrático.
Defender al TSE es defender nuestro derecho a decidir.
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